“Occidente está cansado de si mismo, carece de todo aliento, está enfermó y nuca como hoy ha estado tan mal”.
EL libro “El Cansancio de Occidente” nace a consecuencia de una conversación generada por Rafael Argullol y Eugenio Trías tras la invitación realizada por José Ribas – director de la revista “Ajoblanco”-. Conversación que luego de haber sido editada, en cuanto a su forma, fue transcrita, constituyéndose así en un breve tiempo en un libro que responde a este genero “conversacional”. Cabe destacar que esta conversación fue consumada durante el periodo “post guerra fría”, específicamente en los años 1991/1992. En consecuencia aquella conversación nace de la necesidad “imperativa y urgente” de traer a conciencia, a modo crítico demostrando así una clara intencionalidad política, las cosmovisiones y “pathos dominantes” de estos autores – en virtud de sus sobrecogimientos e incertidumbres – y del “tiempo de convulsiones” que ellos experimentan, respectivamente – así le llaman ellos al periodo “poste guerra fría” de inicio de los 90-’.
A continuación se presentan los extractos, a modo de resumen – cuyos comentarios de quién resumió se realizan entre guiones-, de aquellas ideas y análisis de los capítulos más relevantes a juicio del autor de este resumen.
FIN DE SIGLO
En este ápice, los autores intentan describir el estado de “esparcimiento” que se encuentra Europa en detrimento de una carencia identitaria homogénea, no solo en cuanto a su condición fronteriza o geográfica, sino también en cuanto a las desuniformidades religiosas y culturales.
ARGULLO: Al abordar la visión de si misma que actualmente tiene Europa, llama la atención la dificultad para fijar fronteras, no solo geográficas sino también espirituales. La más fácil aparentemente es la del oeste, pero incluso ahí nos encontramos con la creciente conflictividad en relación a Estados Unidos. [..] Donde el problema se radicaliza es en lo que, en términos generales, podríamos llamar “laberinto oriental” ¿Dónde finaliza Europa por el este? Acabadas las distinciones ideológicas no sabemos cuál es el territorio a elegir.
TRÍAS: Edgard Morín hablaba, hace poco, de dos movimientos, de asociación y disociación […] que determinan el mundo tras la guerra fría. No está aún claro cuál de ellos domina incluso en la propia Europa occidental […]. No se dibuja ningún liderazgo unívoco, pese a la autoridad económica de países como Japón, Alemania y USA. – cabe mencionar que en el contexto sociopolítico y económico en el que analizaban estos autores, no se avizoraba, al menos con la seguridad de hoy en día, la hegemonía, liderazgo y presión de USA como principal potencia mundial que es en nuestra actualidad-. […] En lo que a Europa se refiere todo está bastante revuelto y confundido […] En la prensa se precisa muchas veces: Europa occidental, Europa balcánica, Europa del Norte, Europa mediterránea (o del Sur)…no hay una solo Europa […] los intereses de cada estado-nación son marcadamente diferentes ., […] éstos se hallan confrontados con su propio destino histórico, en el que encuentran caminos ya trazados. […] existen las fronteras políticas, económicas y étnicas. Pero existen también las fronteras religiosas. Éstas insisten y persisten, independientemente de que ciudadanos o paisanos sean creyentes o agnósticos – el autor hace referencia a tres conjunciones precarias de cristianismo como tres religiones principales; el catolicismo, el protestantismo e iglesia ortodoxa. Siendo la frontera cultural y religiosa que divide principalmente a Europa, cristianismo occidental y cristianismo oriental, para el autor-. Establecen sustratos culturales importantísimos que determinan las mentalidades. Eso que llamamos Europa es, sobre todo, desde el punto de vista étnico, una confluencia conflictiva de pueblos eslavos, germánicos y latinos.
ARGULLOL: Pasando a otro plano, en los últimos tiempos los polos de tensión se han modificado. […] Con el fin de la guerra fría, nos incorporamos en un juego estratégico completamente distinto. Se rompe el carácter estable e inamovible del mundo, dictado por la confrontación ideológica, y se abre un escenario caracterizado por la fragmentación.
TRÍAS: Yo tengo la impresión de que se necesitan diversos parámetros para determinar las hegemonías, los verdaderos focos de poder. Un solo criterio no basta. Estamos en un mundo marcado por la complejidad […] hemos sido formados y deformados por unas ciencias sociales e históricas que han tendido, erróneamente, a destacar dos parámetros de medición del poder: el económico/social y, en relación con él, el militar/político. Por otra parte los propios historiadores han ido redescubriendo la importancia de las “mentalidades”, de los factores culturales (creencias mágicas, religiosas, símbolos de integración, prácticas ceremoniales), sin descuidar factores personalizados (el carisma del liderazgo, por ejemplo).
ARGULLOL: Cuando se rompe el equilibrio entre dos polos ninguno de ellos sobrevive […] deberíamos acostumbrarnos a valorar poderes de otro tipo. Y no me refiero sólo al económico y militar, sino al demográfico, al cultural, al religioso…ejemplo, el mayor poder militar, detentado por EE.UU, no es suficiente para contrarrestar las enormes carencias de la sociedad norteamericana […] fue útil para destrozar el equilibrio con la Unión Soviética, pero ahora se demuestra en gran parte superfluo.
TRÍAS: […] Ha habido, ciertamente, una competición compleja que incluía desde la intimidación y los ademanes marciales (la escala de armamentos), hasta la feroz competencia del modelo económico y social, o del estilo de civilización propuesta, unida a importantísimos factores psicológicos. Y desde luego uno de esos modelos se ha hundido. Pero repito: el otro no goza de buena salud. Genera, como se ve día a día, unos desequilibrios sociales y estructurales gravísimos, de lo que testimonia el “tercer mundo” […] Ese modelo capitalista y liberal/democrático es, hoy por hoy, el que domina el escenario mundial. Pero por eso mismo pasan a primer plano sus tremendas deficiencias.
ARGULLOL: […] El este es durante muchos años un mundo en estado de hibernación. Cuando ésta cesa surgen de modo espontáneo tendencias premodernas poco compatibles con la promesa de modernidad alimentada desde el occidente.
INDIGENCIA DEL “MUNDO FELIZ”
En este apartado, los autores analizan y caracterizan los síntomas de la enfermedad que padecen las democracias y la idea paradigmática de “progreso”, ambas en occidente.
TRÍAS: Las democracias reales han tendido a la eliminación de las tensiones y conflictos que la constituyen […] la ficción de esa democracia real basada en el consenso, su mentira, su carencia de verdad democrática se deriva del hecho de que no cubre, ni con mucho, las aspiraciones de un porcentaje grande y relevante de la población – un ejemplo claro de esto es la alta tasa de no votantes en casi todos los sistemas electorales democráticos que tienden a privilegiar, a través de diferentes formulas, el predominio de dos grandes bloques partidistas-. […] Los partidos sólo acceden a ellos en tiempos de campaña electoral […] Se trata, pues, de democracias censitarias de facto en la que una minoría sustanciosa de la población global no está representada. Y es que esa “gran minoría” no existe para el sistema.
ARGULLOL: […] La razón es mas profunda y puede resumirse en el hecho de que en gran medida la democracia está enferma de lo que paradójicamente podríamos calificar como “apatía democrática”. […] La - causa – mas llamativa sería la progresiva desecación del marco jurídico/político, hasta el punto de hallarnos muchas veces ante leyes e instituciones momificadas. En su momento fueron organismos vivos que reflejaron pasiones y conquistas ideológicas, pero ahora parecen obras de un taxidermista interesado. Cuando se nos abruma con la unidad indisociable entre “libertad” y “mercado” se olvida que el liberalismo europeo nació bajo otras consignas: libertad, igualdad, fraternidad – claramente la naturaleza y fin del mercado es contrario a esto. Primero, en cuanto a su visión antropológica negativa del individuo al considerarlo como ser racional que busca optimizar su interés individual. Segundo, al establecer un seudo estado darwiniano de competencia “necesaria” para satisfacer la totalidad de la demanda, en que a través de un sistema de trabajo/remuneración, se condiciona el estado “libre” de la especie al no poder responder diversamente a determinadas situaciones que exigen una solo dirección, además de jerarquizarla en virtud de la acumulación de las riquezas, provocando así un estado de desigualdad inherente al sistema – […] El llamado “fin de las ideologías” ha obturado la circulación sanguínea de la democracia y no hemos hallado sistemas alternativos. […] Una democracia sin ilusiones – lo que llama el autor “pathos” o pasión- puede abrir la puerta a cualquier fenómeno totalitario, incluso a través de los caminos aparentemente mas democráticos.
TRÍAS: Los mecanismos actuales de control de que dispone la maquinaria administrativa son formidables. Y el entretejido de poderes fácticos (económicos, políticos y comunicativos) es tan poderoso que, en relación a él, las cuotas de libertad del ciudadano se van debilitando, si no extinguiendo. Yo no creo que vivamos en una de las formas sociales más libres de la historia. En absoluto. […] Esta sociedad es “libre” en apariencia, pues no favorece los hábitos de responsabilidad. […] Más que una democracia, es una tecnocracia con fachada democrática, en la que el mecanismo democrático sirve para dar legitimidad a un poder político, económico y militar que responde sobre todo a sus imperativos técnicos, y no a la voluntad responsable de sus agentes sociales.
ARGULLOL: A grandes rasgos ese mundo feliz es un mundo encerrado en su fortaleza, tiene un miedo terrible a las tinieblas exteriores. A la amenaza. Y ésta está en muchos frentes. En África, en Asia, en Latinoamérica: la amenaza de los miserables. […] La sensación de acorralamiento está relacionada también, y de manera directa, con los signos de agotamiento de nuestro mundo feliz. Pero esos signos no son recientes, vienen de lejos. A este respecto quizá uno de los aspectos más decisivos es el declive, pero subterráneo, luego abierto, del mito del progreso. […] El optimismo ilustrado, reencarnado en el optimismo científico y técnico, había previsto horizontes paradisíacos. Esto se interrumpe a partir de cierto momento del siglo XX. La bomba atómica, Hiroshima y, luego, la amenaza de autodestrucción son el gran golpe. Después se producen toda una serie de fenómenos, desde el deterioro ecológico hasta la aparición de una enfermedad con ribetes de peste negra como el sida, que debilitan, cada vez más, la confianza en la utopía científica.
ARGULLOL: […] La ciencia, y su hija, más o menos legítima, mas o menos bastarda, la técnica ocupa el vértice de la pirámide de las esperanzas humanas […] La ciencia se ha puesto al servicio del conocimiento especializado, y más vistosamente, de la tecnología.
EL HÉROE DE NUESTRO TIEMPO
En este apéndice los autores tratan y caracterizan las implicaciones y consecuencias de la sobrestimación de nuestras sociedades a la “especialización”
TRÍAS: Quizás podría hablarse hoy de una barbarización latente de las costumbres, enmascarada bajo el propio agente que la fomenta y propulsa, la técnica. Ya Ortega y Gasset lo había intuido en su libro sobre La rebelión de las masas. […] Me refiero al término en su acepción corriente; aquel que desconoce el marco cultural – el autor se refiere a los aperos que adquieren aquellos especialistas, en que pierden la capacidad de una visión holística, integral o sistémica de un determinado fenómeno, aislando, antinaturalmente, al fenómeno de su contexto para estudiarlo, para luego volver a aislarlo y así sucesivamente. Incapaz de considerar la sustentabilidad - de sus actos y de sus decisiones: es un ser radicalmente irresponsable, perfectamente conformado a patrones técnicos; patrones que, a su vez, no son responsables (ya que no responden ante nada más que a su propia operatividad, o a su mecánica de funcionamiento) – como aquél que jala del botón para soltar una bomba- representa un estado de alienación. El bárbaro civilizado – o intelectual – es un personaje magníficamente acoplado a los patrones técnicos de nuestra civilización. […] Tales patrones técnicos presentan múltiples variantes: pueden ser patrones económicos, políticos, expresivos, incluso “artísticos”, incluso “filosóficos” – la tendencia a la extrema especialización se presenta en todas las formas de conocimiento -. Pero lo importante radica en el carácter común a todos ellos. Eso común es su tecnicidad […] El bárbaro tiene (o acumula) muchas vivencias, pero carece de experiencia. Pues toda experiencia radica en una apertura hacia lo verdaderamente ajeno.
ARGULLOL: Pero en los últimos decenios la combinación de técnica y medios de comunicación introduce otro paisaje. La multitud no se encuentra en las calles, como masa visible, sino que permanece oculta, aunque igualmente masificada, en sus unidades individuales. A este respecto la función de la televisión, el máximo mecanismo actual en el que se combina la tecnología y la comunicación, es perfectamente clara. Es cierto que implica una tendencia masificadota, con un ámbito cada vez más universal, pero por otro lado agudiza la atomización individual. Desde ambos lados actúa en detrimento de la cohesión comunitaria. Dificulta la figura del ciudadano libre, es decir, de aquel con capacidad para pensar libremente.
TRÍAS: […] Tal personaje es para mí el verdadero bárbaro, un producto de la más alta y refinada civilización (de nuestra civilización tecnológica, consumista, masificada). […] Los grandes almacenes, las autopistas, los estadios, las concentraciones turísticas…También, desde luego, en la aparente privacidad de sus casas, las largas horas televisivas. En todos los casos lo masivo se presenta como individual y lo disgregador como congregador. Las conductas parecen libres pero, en el fondo, están sujetas a la constante manipulación. Ésa es la trampa. […] Lo que debería pensarse es…cómo una sociedad tecnificada y masificada…podría alguna vez abrirse a la experiencia personal de verdaderos sujetos capaces de establecer relaciones tanto con los propios como con los extraños […]
CIVILIZACIÓN Y BARBARIE
En este apartado, los autores describen el proceso de repitencia del patrón “miedo” y de la necesidad de superar los conceptos existentes de “barbarie” y “civilización”.
ARGULLOL: […] Occidente vuelve a temer; con particular aprensión, el asedio de los “bárbaros”, reproduciendo ancestrales miedos […] En la presente visión del conflicto el poder caotizante de los “nuevos bárbaros” es identificado con la miseria económica, con las diferencias cultural/religiosas y con las fuerzas titánicas e invertebradas que conllevarían las migraciones masivas. Ésta será seguramente, en los próximos años, la confrontación más virulenta y la que empujará a la civilización occidental a tomar una decisión sobre su propio destino. El carácter de esta decisión afectará profundamente el rumbo de la construcción europea. Desde esta encrucijada se apuntan, a grandes rasgos, dos caminos. El primero es eminentemente defensivo e implica el desarrollo de lo que, con anterioridad, he llamado “el espíritu de la fortaleza”. Se trata de un movimiento de defensa a partir del cual Occidente, y en particular Europa, quiere prolongar su futuro partiendo restrictivamente de sus raíces – o en otras palabras según lo que señalan los autores, exige un ejercicio etnocentrista – […] Las consecuencias lógicas son el autoritarismo defensivo y el racismo. El segundo camino supondría apostar por una Europa poliédrica, capaz de alimentarse de sus raíces al tiempo que pusiera en cuestión el exclusivismo unicultural de su tradición. Al abrirse a una visión plural de futuro, Europa debería ponerse en tensión consigo misma y, paralelamente, superar el antagonismo entre “civilización”, y “barbarie”.
TRÍAS: […] Ahora, caído el “telón de acero”, todo se vuelve muy turbio, muy espeso. De entrada, la antigua URSS está viviendo una convulsión interna cuyo final ni siquiera se adivina. Por otra parte, ¿puede concebirse una Europa sin Rusia? Pero Rusia, ¿hasta qué punto pertenece a Europa? De nuevo nos hallamos con la precariedad – y ambigüedad - del concepto de Europa. […] Creo que no es posible hablar de Europa en singular. No hay una sola Europa. A mí me presentan, como mínimo, tres Europas: tanto si se atiende al criterio étnico, como al religioso. Hay primero, la Europa eslava, que tiende a ser de religión cristiana ortodoxa. En segundo lugar está la Europa latina, de tendencia católica; y por último la Europa nórdica, o central y nórdica (germánica, anglosajona) de religión protestante (luterana, anglicana, puritana, etc).
ARGULLOL: […] Es muy probable que sea el advenimiento de EE.UU como primera potencia…lo que determina la posibilidad del auténtico imperio planetario, con características específicas y nuevas. Por primera vez no es imprescindible una invasión militar previa (aunque en numerosos casos se produce) sino que se recurre, más bien, a mecanismos de tipo económico, tecnológico y cultural. […] Actualmente nos encontramos con una paradoja imprevista: el poder militar está prácticamente monopolizado por una potencia (EE.UU) pero esto no asegura el mantenimiento del modelo imperial, que se ha resquebrajado en vertientes importantes – al mismo tiempo – […] se creía que los modernos mecanismos de dominación unificarían irreversiblemente el mundo. Pero ello no ha sido exactamente cierto. La internacionalización de la economía ha tenido efectos arrasadores, pero no lo suficiente como para provocar una uniformidad absoluta . […] Las posibilidades simbólicas del modelo americano son amplias. […] Pero, por otro lado, EE.UU podría observarse como un laboratorio de la hipotética Europa del futuro. Me refiero al pluridimensionalidad étnica, religiosa y cultural que, con todos los traumas que se quisiera, ya está establecida en EE.UU y que, obligatoriamente, empezará a establecerse en Europa. El interés de tomar el modelo americano como laboratorio estriba en el hecho de que, en él, el antagonismo “civilización”/“barbarie” está completamente interiorizado. La metrópolis americana desarrolla todas las tensiones de este antagonismo. Europa continúa ilusionada, falsamente ilusionada, con la creencia de que representa a la civilización frente a la barbarie.
SERVIDUMBRES DE LA RAZÓN
En este apéndice, se introducen las implicancias y complejidades de la intrusión de las visiones o miradas antropocéntricas.
TRÍAS: Un factor dificulta, sin embargo, cualquier acogida del flujo migratorio en Europa.
ARGULLOL: ¿Hasta que punto el principal problema ante el que nos hallamos no es si no una progresiva esclerotización del propio espíritu europeo? ¿Hasta que punto no se ha producido una paulatina reducción de la imagen que el hombre occidental tiene de si mismo? [...] La cultura del Renacimiento es una ciudad abierta a las constantes convergencias de tradiciones distintas. [...] Probablemente ha llegado el momento de revindicar de nuevo una ciudad abierta.
TRÍAS: [...] El siglo XVIII: en él surge y se consolida un modo nuevo (moderno) de pensar, a partir de Descartes; un modo nuevo de conocer (desde Galileo y Descartes hasta Newton). Un modo nuevo, también, de configurar los espacios de poder (sobre todo en Francia, con Richelieu, con Luis XIV); unas formas nuevas de religiosidad que inflexionan el movimiento luterano hacia la ética del puritanismo (origen, según Max Weber, de la ética implícita del capitalismo moderno).
ARGULLOL: Y el fruto inmediato de lo que describes es la consideración de la naturaleza como inanimada. Esta expresión, “naturaleza inanimada”, que se usa incluso en el lenguaje cotidiano, no puede encontrarse antes del siglo XVII. Y es completamente significativa: únicamente el mundo animal, y en particular el ser humano, posee “ánima” – visión antroposcentrista del hombre moderno, fundamento de la inercia colectiva con respecto a la sustentabilidad y cuidado de la naturaleza -, movimiento, frente a la naturaleza, privada de ella. [...] No hay que olvidar el “pienso, luego existo” [...] justificación ontológica del individualismo moderno.
TRÍAS: Estamos hablando de los paradigmas de la modernidad. La revolución francesa acierta en nombrar a la divinidad que lo encabeza, que en cierto modo la personifica: la Diosa Razón. [...] La fe en la razón es el presupuesto mismo de la modernidad. [...] Hoy culmina un largo proceso a través del cual se ha ido, poco a poco, descreyendo de la razón. Y la propia ciencia introdujo su cuota de incertidumbre en relación a esta fe a través de sus desarrollos más refinados, o de sus ámbitos más específicos. [...] En cierto modo toda la filosofía de este siglo no es sino un constante descreer y desdecir lo que la Razón (cartesiana, kantiana) parecía haber fijadote una vez para siempre.
[...] Esa cultura moderna, específicamente europea, es en cierto modo un experimento audaz y temerario de destrucción sistemática de raíces (étnicas, culturales, religiosas, convivenciales)...experimento general de desarraigo.
ARGULLOL: Podría afirmarse que la misma dinámica de la tradición occidental lleva a que un determinado momento, posiblemente, desde el siglo XVIII, se desaten aquellas fuerzas que transforman a Occidente en una suerte de máquina productiva que, con el paso del tiempo, se hace más y más desarraigada culturalmente. Nos encontraríamos entonces, con la civilización occidental agrediendo a su propia cultura. [...] La transformación de la naturaleza en un escenario inanimado, sería un “desencantamiento del mundo” sin precedentes. [...] Un rasgo singular de Occidente convertido en un gran mecanismo de producción y dominio es que no únicamente avasalla y aplasta al resto de civilizaciones del planeta sino que, de manera paralela, se autovasalla y autoaplasta culturalmente. [...] El dominio planetario perseguido durante los últimos siglos, y efectivamente alcanzado en el que ahora está próximo a terminar; ha provocado el vaciamiento interior de la misma civilización occidental. Esto, además, lleva consigo una situación paradójica: al convertirse la civilización occidental en un engranaje técnico entonces podemos comprender el hecho de que otras civilizaciones estén en condiciones de “reproducirlo” parcial o totalmente. A este proceso, según una frase habitual, se le califica de “occidentalización” del mundo
TRÍAS: La cultura intenta siempre dar cierta tentativa de respuesta (expresiva, religiosa, artística, filosófica) a estas cuestiones. Pero la civilización técnica los descalifica: las considera faltas de sentido, la trivializa, tiende a desconsiderarlas. [...] La técnica, sin orientación cultural, conduce a ese vacío: a una especie de sinsentido final, o a un absurdo general en relación a todo referente de sentido.
ARGULLOL: En el tablero de las opciones la civilización moderna ha apostado por la carta unidimensional del progreso. [..] Uno de ellos, por ejemplo, es el de “bienestar” [...], tal como lo asume nuestra sociedad, es un concepto unilateral y debilitador por cuanto, además de estar dirigido frecuentemente por el miedo, incapacita ante las fuerzas consideradas negativas: la pobreza, la enfermedad, la muerte...En un mundo guiado por lo competitivo el “malestar” es un fracaso que debe ser mantenido al margen por todos los medios.
NIHILISMO
En este apéndice, los autores caracterizan y describen al nihilismo como el representante acérrimo de toda inercia, desesperanza, e irresponsabilidad que caracteriza e invade a nuestra post/modernidad. Una inercia preocupante que tiende hacer legitimada bajo discursos con pretensión de verdades racionales y materiales, y que no tienen otro destino más que la destrucción de las sociedades occidentales.
ARGULLOL: […] Los auténticos apocalípticos son los integrados en el “presentismo”, los que insisten machaconamente en que habitamos el mejor de los mundos mientras disimulan los mecanismos de destrucción que alientan en tal mundo.
TRÍAS: El nihilismo es, quizás, el gran reto de nuestra época. Creo que es el efecto de la imposición del “dispositivo” de que antes hablábamos. Éste genera una especie de demolición sistemática de toda pauta cultural. El nihilismo exige esa desertización. El nihilismo es el antídoto y disolvente de todo pensamiento que quiera alzarse y elevarse hasta aquello que Kant llamaba ideas. Yo las llamaría ideas/enigma: la idea de hombre, de mundo, de divinidad. El nihilismo es una atmósfera general en virtud de la cual esas ideas parecen siempre hallarse bajo sospecha – es la atmósfera de la desconfianza legitimada en la ética de una actitud crítica-. “Es absurdo pensar en ellas”, se dice. “¿Para que ocuparse de aquello que carece de respuestas claras, exactas?”. El nihilismo invita a un radical encogimiento de hombros en relación a todo lo que verdaderamente importa. Es una especie vírica – o virulenta- que afecta a los centros cerebrales, inmunizándolos de toda aventura mental o experiencial por rutas que trasciendan el marco de las convenciones que constituyen “nuestro mundo”.
ARGULLOL: […] El nihilista perfecto es aquel que ha adelgazado al máximo su silueta espiritual al tiempo que, seguramente de modo consciente, contempla su entorno según una perspectiva rígida y unilateral. Posiblemente una de las mayores trampas de la época moderna ha sido situarnos ante un organismo cada vez más inamovible que, al desarrollar sus propias metástasis, ha configurado una imagen del mundo que supuestamente no puede ser de otra manera. […] Pues bien…podría afirmarse que lo que ha hecho el nihilismo (con la máscara de la “razón moderna” a menudo) es fomentar la idea de que la historia sólo podía avanzar en una dirección. Hay que combatir esta idea y, frente a ella, revindicar la multiplicidad de direcciones y la complejidad del mundo. […] Lo preocupante es que una civilización empeñada en acomodarse a una “ruta unilateral” tiende a despojarse de todos aquellos ámbitos que le desvían de lo que supone son sus fines prácticos. […] Por ello sería bueno distinguir entre utopía y perspectiva utópica. Las utopías no me interesan y hay razones históricas para guardarse de ellas. Los países “sin lugar” han resultado, en todos los casos, perniciosos. Pero las perspectivas utópicas son convenientes porque entrañan la necesidad de poner a prueba, y la voluntad de modificar, el propio espacio en que uno se encuentra. Son, por llamarlas con otro nombre, las perspectivas del deseo. Éstas ponen en tensión tu presente, tu estar ahí, con una hipótesis de futuro que, a mi modo de ver, es irremplazable para vivir. Lo peor que podría ocurrirnos sería aceptar una sociedad, y una vida, sin deseo. El deseo siempre implica una tensión entre el espacio que habitas y un espacio eventual que se proyecta en tu mente y en tu sensibilidad – el nihilismo exige en síntesis, un estado antierótico -.
CULTURA DEL DESEO
TRÍAS: […] Hay una nostalgia legítima que es inherente al componente de Eros – entendido este como “pulsión de vida” o como el antónimo del Thanatos “pulsión de muerte”, en términos froidianos – que nos configura. Y hay un marco ideal, imaginable como utopía, o como ciudad imaginada, en el cual se proyectan proféticamente nuestros sueños, esos hijos imaginativos del deseo. No es posible existir sin esta polifonía de dimensiones, pasadas, futuras, presentes, en las que Eros se proyecta. No se puede existir sin ese oráculo interior que constituye el jeroglífico imaginario de nuestro eros: el mundo de nuestros sueños. El hombre no es, como creía Ortega, o Zubiri, “animal de realidades”. El hombre es el animal soñador. O mejor: es el más soñador de todos los animales (y en ello está su drama y su tragedia; pues también padece malos sueños y temibles pesadillas).
ARGULLOL: […] Hay otra dimensión de “Eros” que conviene retener: lo erótico como ámbito que empuja al sujeto a poner el “arco en tensión”, es decir, a verse confrontación consigo mismo. […] Estoy de acuerdo con Holderlin cuando afirmaba que una civilización sólo alcanzaba la plenitud si era capaz de ponerse en contradicción, de “extrañarse” con respecto a su propia identidad para fecundarse con su amenidad. A eso lo podríamos llamar el “erotismo” de una civilización. Y siguiendo con el mismo símil podríamos concluir que la civilización occidental ha optado por un camino decididamente antierótico – tensión implícita entre vida y teoría -. […] En otro orden de casos es muy probable que esta decisión entre vida y teoría haya acentuado la dificultad del hombre moderno para escapar a su solipsismo psicológico. Las “grandes teorías” apenas han confluido con las existencias personales, tanto si aquéllas procedían de la filosofía como de la ciencia moderna. Eso, por ejemplo, se ha puesto de manifiesto al tratar de reconsiderar el hombre actual su relación con la naturaleza, cuando a la mirada científica/cosmológica ha querido añadir la mirada ecológica. Al no estar familiarizado ya con la consideración de la naturaleza (a la que denomina “inanimada”) como un todo en el que él participa, el hombre moderno se encuentra en la disyuntiva de querer preservar “ecológicamente” un entorno que psicológicamente le resulta extraño. Su visión, entonces, es obligadamente superficial. Ésa es la servidumbre intelectual del discurso ecologista. Necesario pero epidérmico e insuficiente.
POLIS CONTRA METRÓPOLIS
TRÍAS: Yo creo que importa rebasar los planteamientos ecologistas al uso, pero en la dirección misma que sugieren. Quiero decir que lo que debe plantearse (y recuperarse) es el vínculo hombre/naturaleza. Este vínculo se ha roto en nuestros grandes escenarios metropolitanos.
ARGULLOL: Tanto el discurso ecologista, que debería orientarse al establecimiento de un nuevo nexo entre el hombre y la naturaleza, cuanto al discurso urbanístico, que debería cuidarse de reformular un concepto de ciudad más armónico, tendrían que supeditarse al problema mas general de “cómo queremos habitar la tierra”.
TRÍAS: El problema del “fin de las ideologías” es que coincide con un mundo que está, todo él, abarrotado de “ideologemas vivientes”. ¿Qué es el automóvil, tal como suele construirse y diseñarse, sino es, un ideologema andante, o mejor, un ideologema motorizado? Todo él transpira ideología. Me apoyo en un urbanista alemán que hace una crítica radical del automóvil comercia, tal como hoy lo conocemos: un objeto diseñado y construido según la lógica darviniana (y de sus secuelas, competencia despiadada, agresividad feroz, individualismo exacerbado). Su mismo carácter de cápsula motorizada lo revela. Es un artefacto dañino que está demostrando su nula funcionalidad- es por decirlo de alguna u otra forma, es la encarnación e las creencias del nihilismo-. Y quien dice el automóvil dice, en general, la gran urbe, diseñada en torno suyo, en función de él. ¡Qué ceguera, a este respecto, la de los “profetas modernos” del urbanismo!
ARGULLOL: […] Conviene realizar una crítica abierta a la noción de “metrópolis”. La progresiva destrucción de la ciudad “a la medida del hombre” (incluso en su sentido clásico y renacentista: aquella que se podía atravesar caminando a lo largo de un día) y su sustitución por las megápolis traduce perfectamente las tendencias a la masificación y el automatismo. La “metropolis”, que tantos entusiastas ha tenido y tiene, es el campo de pruebas idóneo para estas tendencias. No estoy seguro de que no haya que proponer la destrucción de cosas que son, en sí mismas, destructivas. Más bien estoy convencido de que sí hay que destruir como requisito previo, o paralelo, a la construcción. […] El mito del progreso y la concepción teológica de la historia, que han incitado a la convicción de que cada estadio posterior era superior al precedente, nos ha orientado en esta dirección. Se trata, no obstante, de una orientación contranatura porque me cuesta aceptar que nuestra lógica interna nos exija acumular lo dañino. La eliminación de ciertos “avances” puede ser algo altamente constructivo. […] Esto quizá sea un sacrilegio desde el punto de vista “progresista”, pero no lo es desde el punto de vista humano.
TRÍAS: La metrópolis constituye, creo, una especie de vampiro que succiona todo el entorno natural, cultural y humano. Rompe, además, el equilibrio que la vieja ciudad poseía con su entorno, el equilibrio naturaleza/ciudad, o campo/ciudad. […] ¡Cuánta lentejuela y cuento de vidrio, prescindible, se ha logrado filtrar por los cauces institucionales y políticos en nombre de ese fenómeno estético del “diseño”!
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